Ante la escasez de recursos, construir para que dure se está convirtiendo en un gran reto. El sector de la construcción está replanteándose sus prácticas: prolongar la vida útil de los materiales, diseñar espacios adaptables y aprovechar al máximo los materiales existentes son formas de garantizar la durabilidad de los edificios. DESTACADO Construir para que dure MEJORAR EL RENDIMIENTO DE LOS MATERIALES A LARGO PLAZO Los materiales mejor formulados, menos sensibles a las variaciones de temperatura, la humedad o las tensiones mecánicas, reducen la necesidad de un mantenimiento y una sustitución frecuentes. Los productos químicos para la construcción desempeñan un papel fundamental: prolongan la vida útil, mantienen las propiedades térmicas y mecánicas y previenen el deterioro prematuro. Prolongar la vida útil de los materiales supone reducir la extracción, el procesamiento y el transporte de recursos vírgenes. DURADERO PERO ADAPTABLE Un edificio diseñado para un único fin es un edificio frágil. Las necesidades evolucionan al ritmo de los cambios sociales, económicos y demográficos. Construir para que perdure significa anticiparse a los cambios. La reversibilidad de los espacios, las estructuras capaces de adaptarse a nuevos usos y los sistemas técnicos flexibles: la capacidad de evolucionar se está convirtiendo en un criterio fundamental para la durabilidad. La rehabilitación de un edificio, en lugar de su demolición, permite ahorrar una cantidad considerable de materiales y energía, al tiempo que se prolonga su vida útil. CIRCULARIDAD Y TRAZABILIDAD: CONSERVACIÓN DE LOS MATERIALES EXISTENTES En un mundo en el que algunos recursos esenciales se están agotando, cada edificio debe diseñarse como una reserva de materiales listos para ser reutilizados. Conservar los edificios existentes, recuperar elementos y reciclar materiales: la economía circular se está convirtiendo en un factor clave a la hora de construir para que dure. Se requiere una mayor trazabilidad de los componentes de la construcción para determinar su origen, sus prestaciones y su potencial de reutilización. La conservación de los recursos no consiste únicamente en reducir el consumo futuro. También se trata de aprovechar al máximo lo que ya hay, en lugar de empezar siempre desde cero. Construir edificios e infraestructuras duraderos nunca ha sido tan difícil. Las amenazas que penden sobre su perdurabilidad son cada vez mayores: fenómenos meteorológicos extremos, presiones demográficas, obsolescencia de sus usos y limitaciones económicas. Atrapado en esta disyuntiva, el sector de la construcción está experimentando un cambio radical para evitar que cada edificio deteriorado genere un nuevo consumo de recursos a lo largo de su ciclo de vida. HACER FRENTE A LAS CRISIS CLIMÁTICAS SIN RECURRIR AL CONSUMO EXCESIVO El enfoque basado en la resiliencia y la adaptación ante los riesgos climáticos permite diseñar edificios capaces de absorber los impactos, seguir funcionando en caso de catástrofe y sufrir daños mínimos. Cada desastre que se evita y cada daño que se contiene permite evitar costosas reparaciones que consumen recursos y generan emisiones de carbono, al tiempo que se prolonga la vida útil del edificio y se reduce la presión sobre las materias primas. LA UNIVERSIDAD DEL VALLE DE AOSTA (ITALIA) surgió de la reconversión del antiguo complejo de cuarteles de Testafochi y constituye un ejemplo de la transformación exitosa de un edificio patrimonial en un campus universitario contemporáneo. El recinto se remodeló en 2024 para albergar espacios docentes eficientes y adaptados a los usos actuales. 102
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