Construcción sostenible significa descarbonización y también

¿Cómo podemos transformar la fachada para reforzar la adaptabilidad de un edificio a lo largo del tiempo? Esta pregunta marca un cambio de paradigma y nos invita a dejar de considerar la fachada como un elemento estático y a verla como un sistema dinámico. COMBINAR CALOR EXTREMO Y COMODIDAD El calor extremo es, sin duda, el riesgo en el que la función de la fachada resulta más evidente. Los sistemas de protección solar (acristalamientos de control solar, toldos, voladizos o sistemas de tela) pueden limitar la radiación directa sin privar de luz natural. Los revestimientos reflectantes de color claro reducen la temperatura de las superficies y ayudan a combatir el efecto isla de calor urbano. Las fachadas y los tejados ajardinados aportan un nivel adicional de regulación gracias a la sombra, la evapotranspiración y la inercia térmica. A esto se suman las envolventes de alto rendimiento, basadas en el aislamiento térmico y la inercia de las paredes, que estabilizan las temperaturas interiores. El State Secondary School Pelgulinna en Tallin (Estonia) utiliza así grandes fachadas acristaladas para crear un entorno luminoso que favorece el aprendizaje. Su característica principal es el uso de vidrio de control solar de alto rendimiento, que permite que entre hasta un 60% de la luz natural, al tiempo que limita considerablemente la acumulación de calor. Esta opción garantiza el confort visual y térmico durante todo el año, reduce la necesidad de utilizar el aire acondicionado y minimiza las pérdidas de calor en invierno. CONTROL DE LOS CAUDALES DE AGUA Los episodios de lluvias torrenciales también sitúan la fachada en el centro de las estrategias de adaptación. Más allá de la resistencia al agua, el reto consiste en ralentizar, almacenar y gestionar los caudales de agua para limitar los daños. Las denominadas «soluciones azul-verdes», que combinan la vegetación y la gestión del agua, desempeñan un papel fundamental en este sentido. Techos capaces de retener el agua temporalmente, fachadas que protegen contra la lluvia torrencial, membranas y juntas continuas, aislamiento resistente a la humedad: la envolvente del edificio se está convirtiendo en una herramienta de prevención de riesgos por derecho propio. Un ejemplo destacado es el Colegio Público Gabriela Mistral de Badajoz (España), que ha llevado a cabo una renovación integral centrada en soluciones basadas en la naturaleza para hacer frente a las altas temperaturas y la escasez de agua. El proyecto combina cubiertas verdes, fachadas ajardinadas, jardines verticales interiores, pérgolas que proporcionan sombra y pavimento permeable. Estas mejoras han reducido la temperatura de las aulas por debajo del umbral de confort recomendado de 27°C, observándose una diferencia de 5,4°C entre las zonas con cubiertas verdes y las que carecen de ellas. Además, han reducido la escorrentía de agua de lluvia del 13% a solo el 3%. State Secondary School Pelgulinna en Tallin (Estonia). Diseñadores: Arhitekt Must OÜ. Entre las medidas de resiliencia que se están aplicando en la actualidad, las soluciones para la envolvente del edificio están cobrando cada vez más importancia. Esto se destaca en el informe «Adapting Buildings to Climate Change» (Adaptación de los edificios al cambio climático), elaborado por Arup(1) y Saint-Gobain. DESTACADO La fachada, un pilar de la resiliencia (1) Arup es una empresa consultora internacional especializada en el sector de la construcción que opera en más de 130 países. Orienta, planifica y diseña el futuro del entorno construido, aportando a sus clientes una amplia experiencia técnica y estratégica. 55 54

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