Durante décadas, los edificios se diseñaron pensando en un clima estable. Ya no es así. Los fenómenos climáticos extremos ya no son anomalías, sino la nueva normalidad. En los últimos cincuenta años, los desastres naturales se han multiplicado, poniendo a prueba los edificios y las infraestructuras. El resultado es que el sector de la construcción ha entrado en una nueva era. En los últimos años han surgido dos nuevos conceptos que, además de dar que pensar, sirven de base para la acción, con el fin de garantizar que los edificios dejen de sufrir las consecuencias del clima y empiecen a evolucionar con él: la adaptación y la resiliencia. Pero, ¿qué significan exactamente? ¿En qué se diferencian? Por encima de todo, ¿qué implican estos conceptos en la práctica para las soluciones de construcción y rehabilitación? ¿Y cómo encaja la descarbonización en todo esto? ADAPTACIÓN Y RESILIENCIA: ¿DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO? La adaptación consiste en prepararse para los efectos negativos del cambio climático y adoptar las medidas adecuadas para prevenir o minimizar los daños que puedan causar, o para aprovechar las oportunidades que puedan surgir. Por lo tanto, la adaptación no se limita a responder a fenómenos meteorológicos extremos: también implica replantearse el diseño, la construcción y la gestión de los edificios para hacer frente al cambio climático gradual (aumento de las temperaturas medias, cambios en los patrones de precipitación, etc.). La resiliencia de un edificio se define como la combinación de su resistencia, su capacidad de adaptación y su capacidad para recuperarse de las perturbaciones y tensiones climáticas. Por lo tanto, un edificio resiliente es capaz de absorber los impactos sin perder su funcionalidad. Esta resiliencia se basa en tres pilares: • Robustez: resistente a los daños (estructura reforzada) • Adaptabilidad: sigue funcionando a pesar de las limitaciones (sistemas de respaldo) • Recuperación: vuelve rápidamente a la normalidad (modularidad, facilidad de reparación) Así, en Miami (Estados Unidos), el programa «Miami Forever Bond», aprobado en 2017, recaudará en total 400 millones de dólares, de los cuales casi la mitad (192 millones) se destinará a medidas de resiliencia frente al aumento del nivel del mar y las inundaciones. Mediante el uso de bombas de drenaje, la elevación de las infraestructuras y la protección de las zonas críticas, el objetivo es transformar una ciudad que se ve amenazada con frecuencia en una región capaz de seguir funcionando incluso durante fenómenos extremos. Mientras que las superficies urbanas convencionales son impermeables y agravan las inundaciones y el efecto isla de calor, TÅSINGE PLADS EN COPENHAGUE (DINAMARCA) hace exactamente lo contrario, gracias a sus adoquines permeables de color claro que absorben el agua y reflejan el calor. Cuando hace buen tiempo, es una plaza. Cuando llueve de forma copiosa, se convierte en un estanque de retención. Este doble uso se está convirtiendo en la norma en la planificación urbana. Fuente: Adaptación de los edificios al cambio climático, informe conjunto de Arup y Saint-Gobain, 2025. Arup es una empresa consultora internacional especializada en el sector de la construcción que opera en más de 130 países. Orienta, planifica y diseña el futuro del entorno construido, aportando a sus clientes una amplia experiencia técnica y estratégica. DESTACADO Adaptacion y resiliencia: ser proactivos 47 46
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